Cuánto vale la ola de Playa Hermosa?
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¿Cuánto vale la ola de Playa Hermosa?
Un recurso natural que mueve millones al año y que representa una oportunidad única para el desarrollo sostenible del cantón.
Playa Hermosa no es cualquier playa. Sus siete kilómetros de extensión, rodeados de bosque tropical y roca volcánica, forman parte del Refugio de Vida Silvestre Punta Mala y albergan 61 especies amenazadas, entre ellas tres tipos de tortuga marina y la lapa roja. En septiembre de 2020 fue declarada la primera Reserva Mundial de Surf de Centroamérica, un reconocimiento que la pone en el mapa internacional junto a destinos legendarios de Australia, California y Sudamérica. No es un accidente que surfers de todo el mundo la tengan en su lista. Es una consecuencia directa de la calidad y consistencia de sus olas.
Un activo natural con valor económico medible
En 2021, investigadores de la Universidad Federal de Santa Catarina aplicaron por primera vez en Costa Rica una metodología llamada Surfonomics: entrevistaron a 274 turistas, a dueños de hospedajes, a surfistas locales y a agencias de viaje especializadas. El resultado fue que los casi 15.000 surfistas que visitan Playa Hermosa cada año gastan un promedio de 113 dólares diarios durante más de ocho días. Solo en gasto directo —hotel y comida principalmente— eso suma once millones de dólares. Los tres millones restantes los aportan los surfistas que llegan del día desde San José o Jacó.
Para un pueblo de menos de mil habitantes, esa cifra no es un simple dato turístico. Es la columna vertebral de la economía local, y una base sólida sobre la cual construir una visión de desarrollo que ponga en el centro la conservación del ecosistema como motor económico.
“Aunque el valor de una ola es infinito, por todo lo que el océano representa, la felicidad y salud que el surf le da a millones de personas alrededor del mundo, el Surfonomics busca representar el beneficio económico que el turismo de surf genera para una comunidad. Este estudio pone en balance y cuantifica, en términos monetarios, el valor del turismo de surf; y evidencia que no es solo una idea romántica de amor por el ambiente o el mar, es una economía local que depende de olas de excelente calidad y estado, porque su entorno lo permite.”
— Laura Zumbado, asesora medioambiental e integrante de la Asociación de Desarrollo de Playa Hermosa.
El surfista que nadie imaginaba
Hay un estereotipo que le ha hecho mucho daño al surf como argumento económico: el del joven despeinado que duerme en su tienda de campaña y gasta lo mínimo posible. Los datos de Playa Hermosa lo destruyen sin contemplaciones.
El turista de surf promedio que llega a esa playa tiene 33 años, educación universitaria e ingresos anuales de entre 50.000 y 75.000 dólares. El 45,8% viene de Estados Unidos. No son mochileros. Son profesionales en sus vacaciones, con tarjeta de crédito y disposición a pagar bien cuando la experiencia lo vale. De hecho, su gasto diario es comparable al del turista general que visita Costa Rica según las cifras del Instituto Costarricense de Turismo, con la diferencia de que el surfista viene exclusivamente por la ola: el 88% declaró que surfear fue el factor principal para elegir Playa Hermosa como destino.
Y hay un dato aún más sorprendente: el 89% de los encuestados declaró estar dispuesto a pagar una cuota voluntaria de hasta 100 dólares al año si ese dinero se destina a conservar el ecosistema. No hay que perseguirlos. Ya están convencidos. Solo falta que alguien recoja ese compromiso con un plan serio detrás.
La amenaza que no viene del mar
La ola puede sobrevivir cualquier tormenta del Pacífico, pero es sensible a lo que ocurre en tierra. La calidad del agua, el manejo de aguas residuales, la planificación del crecimiento urbano costero y la conservación de los fondos marinos son factores directamente vinculados a la salud del ecosistema que sostiene esa ola. Por eso, proteger la ola es también una tarea de ordenamiento territorial.
Los surfistas encuestados lo dijeron con claridad: la contaminación del agua, el deterioro de las olas y la basura son los tres factores que los harían no volver. Ninguno de esos problemas llega desde el océano. Todos están relacionados con decisiones que se toman en tierra. Eso convierte la discusión sobre el valor de la ola en algo concreto y accionable: una oportunidad para que el desarrollo costero y la conservación ambiental caminen de la mano.
Costa Rica se ha posicionado globalmente como destino de surf, y ese posicionamiento trae consigo una responsabilidad: la de construir marcos de planificación que reconozcan el valor económico de las olas y lo incorporen como criterio en las decisiones de desarrollo. Experiencias exitosas en otros países muestran que es posible crecer como destino turístico sin sacrificar los recursos naturales que lo hacen único.
Una decisión que aún está pendiente
“Playa Hermosa es conocida por su oleaje, entonces para nuestra comunidad, la ola de Playa Hermosa es el motor económico. Es decir, es lo que nos pone en el mapa, es por lo que la gente habla de Playa Hermosa, es por lo que la gente la visita, e inclusive no tanto los surfeadores, si no la misma economía del Valle Central y los extranjeros vienen acompañando a sus familias a conocer la ola que es una reserva mundial. Entonces al final es un motor económico de todos los pequeños comercios que tenemos acá en Hermosa.”
— Juan Bernini, vecino de la zona y propietario del Restaurante Vida Hermosa.
Playa Hermosa tiene todo lo necesario para ser un modelo de turismo sostenible exitoso. Su riqueza natural, su reputación internacional y la demanda comprobada de visitantes de alto valor conforman una base sólida. El siguiente paso es que ese potencial se traduzca en políticas de gestión costera que protejan el ecosistema como el activo productivo que es, en beneficio tanto de la comunidad como de las generaciones futuras.
En Garabito, el desarrollo sostenible no es una limitante al crecimiento. Es precisamente la condición que lo hace posible. Conservar la calidad del agua, proteger los ecosistemas costeros y planificar el crecimiento urbano con criterio ambiental no son obstáculos para el progreso del cantón: son la garantía de que ese progreso sea duradero.
“Es muy importante mantener nuestro medio ambiente limpio y natural; es una obligación. La ola de Hermosa, los atardeceres, las montañas y la playa son indispensables para el paraíso que le ofrecemos al mundo. Ya empezamos a desarrollar el plan regulador; vamos a ver qué decide hacer la comunidad con las áreas que faltan por desarrollar. Siento una gran responsabilidad hacia las personas y hacia el medio ambiente.”
— Francisco González, Alcalde de Garabito.
Es por eso que la ola de Playa Hermosa tiene precio. Y ese precio, calculado con rigor académico, arroja una cifra que ilumina el enorme potencial del turismo sostenible en esta zona: 14,3 millones de dólares al año, generados directamente por el turismo de surf.
Hay una frase que se repite mucho en los debates sobre desarrollo costero en Costa Rica: "no podemos vivir solo del turismo". Es una frase razonable, pero a veces se usa para justificar exactamente lo que destruye el recurso que sostiene a la comunidad. En Garabito, vivir del turismo de surf no implica masificarlo ni transformar la costa en algo que ya existe en otro lado. Implica proteger lo que ya funciona.
La ola de Playa Hermosa ya tiene un valor demostrado. Ahora falta que ese valor forme parte del cálculo cuando se piensa en el futuro de esta costa. Porque apostar por la sostenibilidad ambiental en Garabito no es renunciar al desarrollo. Es elegir el tipo de desarrollo que más le conviene a su gente.
Referencia de datos: Bosquetti, M. A. & Hodges, T. (2021). Surfonomics Playa Hermosa, Costa Rica. UFSC / Save The Waves Coalition. Instituto Costarricense de Turismo (ICT).